Anécdotas de viaje, parte II

Hace unos meses publicamos un artículo con algunas anécdotas de viaje que nos sucedieron en nuestras aventuras por el mundo. Hoy recordamos algunas otras.

Al viajar, es normal vivir experiencias diferentes. Aprendemos de ellas y muchas las recordamos con humor.  Hace meses os contamos algunas en este artículo. Hoy rememoramos nuevas anécdotas de viaje vividas en diferentes partes del mundo.

En nuestro viaje por la India aprendimos el arte de negociar con los “rickshaws”, también conocidos como “tuk-tuk”. Los “rickshaw” son una especia de triciclos motorizados que te persiguen por cada rincón de India ofreciéndote un viaje a un precio cada vez más bajo. Si no te interesa, ignóralos sin decir nada y continúa caminando. Pero si te interesa, ofréceles tu colaboración directamente. En Udaipur tuvimos un “rickshaw” a nuestra disposición durante un día completo gratis. A cambio, visitar tres o cuatro tiendas de joyería, típicas de la región. Los conductores de “tuk-tuk” reciben algo extra de estas tiendas al llevarles clientes. Puede ser que reciban comisión si compras algo, o algo de comida, leche o refrescos  simplemente trayendo clientes. Así que negociamos con el “rickshaw” un paseo completo por la ciudad a coste cero a cambio de visitar tres tiendas en el camino. La experiencia fue agradable. Y al día siguiente tuvimos el mismo conductor a un precio excelente.

Otra de las anécdotas de viaje que siempre recuerdo ocurrió en Uruguay. Nos dirigíamos a Cabo Polonio, sin más conocimiento del que nos habían contado otros viajeros en el camino. Llegar a Cabo Polonio, para mí la zona más bonita de Uruguay, es complicado. Tienes que tomar un autobús, y luego otro autobús, y luego un todoterreno y luego otro… En uno de esos autobuses conocimos a un chico que vivía en Montevideo, Nacho, y se escapaba unos días a Cabo Polonio “para desconectar”. Nos empezó a contar maravillas del lugar, fascinantes. Nosotros le contábamos que estábamos de viaje por Sudamérica sin rumbo fijo, y que nos dirigíamos a Cabo Polonio porque nos habían hablado muy bien del sitio. Cuándo nos preguntó dónde nos alojábamos, surgió la sorpresa. No teníamos nada reservado. Lo hacíamos sobre la marcha. Nacho nos ofreció quedarnos en su cabaña, que realmente era de una amiga que vivía también en Montevideo. Casi sin pensarlo aceptamos.

La sorpresa fue al ver la cabaña. Estaba en medio de la playa, apartada de las demás. Era la única que quedaba en pie en esa zona ya que el resto habían sido demolidas. No había agua ni electricidad. Pero el mar estaba a cinco metros y el paisaje era sencillamente espectacular. Pasamos dos noches en esa cabaña contando historias de los dos lados del Océano. La tranquilidad que se respiraba en la cabaña era mágica. Y al abrir la puerta el sonido del mar. Una de las mejores experiencias jamás vivida.

También hay otras anécdotas de viaje que te sonrojan al contarlas. En uno de los Interrail hechos por Europa, llegamos a Polonia. Nos subimos al tren en dirección a Cracovia desde Varsovia. En el camino, nos visita el revisor. Sacamos nuestro billete Interrail y se lo mostramos. Pero el revisor no entendía el billete. Era algo nuevo para él. Y apenas podíamos comunicarnos con él, ya que sólo hablaba polaco. Gracias a una chica que viajaba en nuestro compartimento, pudimos “negociar” con el revisor. Como para él el billete no era válido, teníamos que bajarnos del tren e ir a la Policía. Y nosotros, pues decididos a hacerlo. Hasta que la chica del tren nos advirtió de que la Policía en Polonia funcionaba algo diferente que en el resto de Europa. Nos dijo que podíamos pasar algunos días “retenidos” hasta solucionar el asunto. Y ella mismo nos ofreció la solución: “dejar caer algunos euros, moneda preferida, delante del revisor”. Cómo no sabíamos cuánto era lo adecuado, no se nos ocurrió mejor manera que empezar una forma de regateo con el revisor del tren. Al final, un billete de 20 euros nos sacó del apuro.

Y hablando de billetes. Otra de nuestras anécdotas de viaje ocurrió recién aterrizados en Tailandia. Estábamos haciendo snorkel en las islas Phi Phi cuando vemos algo que brilla. Nos sumergimos y nos lanzamos a su captura como si fuera un tesoro. Agarramos lo que vemos y lo sacamos a la superficie. Estábamos emocionados. Era la primera vez que encontrábamos un tesoro. Realmente habíamos encontrado una moneda de 5 Bath y un billete de 20, algo así como 50 céntimos de euro en total. Pero la emoción vivida, no tiene precio.

Y para no aburrir con muchas anécdotas de viaje, la última ocurrió en Australia. Estábamos a las puertas de Sídney, en las Blue Mountains. Cada tarde nos gustaba parar y escribir en nuestro diario las experiencias vividas en el día. En eso estábamos cuando, de repente, vemos que aparca al lado de nuestra furgoneta un todoterreno. Y mi chica dice “matrícula española”. Nos fijamos y sí, matrícula de España, con el volante a la izquierda y no a la derecha como los coches australianos. Se baja del todoterreno un hombre de gafas. La pregunta era inevitable: “¿de dónde es?” Al responder con el acento hablando inglés ya se nota que somos de España. Y así fue cómo conocimos a José Antonio, un hombre de 70 años que estaba dando la vuelta al mundo en solitario. Llevaba dos años de viaje y esperaba completarla en cinco. Nos pasamos horas y horas hablando con él, maravillados con sus historias y sus anécdotas de viaje. Había salido de Barcelona en su coche todoterreno y había cruzado el Sureste de Europa y Turquía hasta entrar en Asia. Había atravesado Oriente Medio y el Sureste Asiático, y viajado durante semanas en un ferry hasta Australia. Fue tan larga la conversación que se nos hizo de noche, así que decidimos quedarnos a dormir allí mismo.

A la mañana siguiente José Antonio seguía contando sus historias y su visión del mundo. Y me quedo con una frase al preguntarle si había algún lugar al que le gustaría volver: “a todos, los sitios siempre cambian con el tiempo y siempre tienen algo nuevo por descubrir”. Hoy, siete años después, todavía me acuerdo del espíritu aventurero de José Antonio y de sus anécdotas de viaje.

Y si tú tienes alguna anécdota que quieras compartir, puedes dejar tus comentarios más abajo, o compartirlo en nuestras redes sociales. Se agradece.

2 comments

  1. wow que rico ese señor sii sabe a qué vino al mundo Me da emoción leer sus aventuras ojala un día pueda contarles las mías , blessings

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