Aventuras de viaje, la parte final

Al viajar suelen ocurrir muchas aventuras de viaje. Que te caigas de un tren en marcha, tener que hacer una tortilla gigantesca en la India por ser español, o que remolquen tu moto en Tailandia forman parte de nuestro diario de viaje. Pero hay más.

Ya hemos contado otras aventuras de viaje en la primera parte, y en una segunda, así que hoy cerraremos el ciclo de cosas curiosas que te pueden pasar viajando.

Y es que en tus viajes puede ocurrir que te caigas de un tren en marcha en la India. Y que sobrevivas para contarlo. Viajar por la India en tren es ya toda una aventura. Van sobrecargados de gente, y todo tipo de mercancías. Y hacen paradas muy a menudo para subir y bajar más gente y aprovechar para ir a los baños o comprar avituallamiento. En un viaje en tren largo por este país, en una de estas paradas, viajando con una amiga, nos entró un poco de hambre y sed, así que decidí bajar a comprar alguna cosa. El problema es que nunca sabes de cuánto tiempo son las paradas, así que bajas con un ojo en el tren y otro en el andén. Al volver de hacer la compra, me subí al tren, pero me había equivocado de vagón, y no podía llegar al mío. El tren comenzó a moverse y pensé: “bueno, en la próxima parada me voy a mi vagón”. Pero claro, me acordé de mi amiga, de que se preocuparía si no me veía. Así que, mientras el tren empezaba a marchar, decidí saltar y correr un poquito hasta el siguiente vagón. El problema, hay que calcular muy bien la velocidad a la que va el tren y a la que hay que mover tus piernas para poder aterrizar coordinado. Eso no fue lo mío. Salté, me caí, di un par de vueltas sobre mí mismo, se me cayeron todas las compras, pero pude recuperarme lo suficientemente rápido como para volver a correr y llegar a mi vagón en marcha. Lo primero que me preguntó mi amiga: “¿dónde está la comida y la bebida?”. Ayyyy….

También es habitual entre las aventuras de viaje no saber dónde vas a dormir una noche. Emprendes ruta sin un destino fijo hasta que cae la oscuridad. Cuando estaba estudiando en Inglaterra, un grupo de 15 amigos decidimos alquilar una furgoneta y lanzarnos a una ruta por el país. Llegamos a Bristol un sábado noche, sin saber que era algún festivo local, y empezamos a buscar alojamiento. Estaba todo completo. Y éramos 15, lo que complicaba más la cosa. Solución, colocar un colchón en la parte de atrás de la furgoneta y disponernos a dormir en ella los 15. No contábamos con ronquidos, incomodidades de los asientos y el calor de tanta gente en poco espacio. Más de la mitad de las personas acabaron durmiendo en la playa de Bristol. Toda una aventura.

Siempre digo que Innsbruck es una de mis ciudades favoritas. Me trae muy buenos recuerdos. Allí nos escapamos un grupo de amigos en la Eurocopa de Austria y Suiza de 2008 a ver un España-Suecia. Y fuimos vestidos de toreros y sevillanas. Bueno, de sevillana, ya que sólo había vestido para uno. Para que le encajara bien el traje, hubo que fabricarle unas tetas de plástico, con bolsas de plástico y papel, bastante consistentes. Lo curioso es que los suecos se volvían locos con aquella sevillana, que realmente era un chico de Barcelona, con esos pechos. Tanto que hasta uno, por dejarle tocar esas tetas, le dio 50€. Una de esas aventuras de viaje que no tiene precio.

Cuando viajas por el Sureste Asiático un medio de transporte habitual es alquilar una moto para moverte a tu aire y llegar a sitios más alejados. El problema es que estas motos son muy viejas. Es habitual que al alquilarla te la den con el tanque de combustible lleno. O no. Eso nunca lo sabes hasta que te quedes sin gasolina. Y eso nos ocurrió. Viajando mi novia y yo por los alrededores de Chiang Mai, en el norte de Tailandia, empezamos a notar que la moto perdía fuerza. De repente se paró. Nos habíamos quedado sin gasolina. Hasta que un amable local nos ayudó remolcándonos con su moto y su pie. Simplemente empujando desde atrás con un pie fue capaz de llevarnos a una gasolinera.Y es que lo de quedarse sin gasolina es algo normal de nuestras aventuras de viaje. De ruta por Escocia era habitual aventurarse por carreteras secundarias, menos transitadas. Es la mejor manera de que el paisaje te sorprenda y de llegar a destinos que habitualmente no llegas. Hasta que es el paisaje quien te sorprende a ti. Por estas carreteras no hay suministros, y a veces haces muchos kilómetros sin una gasolinera. Al llegar a John O’Groats, el pueblo más al norte de Escocia, de camino a unos acantilados espectaculares, empezamos a notar que nuestra furgoneta perdía fuerza. Se nos paró a mitad de camino. Algo que no nos impidió llegar a disfrutar de este paisaje. Nos bajamos de la furgoneta y nos aventuramos a disfrutar de la naturaleza costera. Menos mal que un grupo de tres amigos italianos que viajaban con nosotros se preocuparon de ir a buscar gasolina para poder continuar viaje. ¿Me pregunto por qué no aparecen en la foto?

Una de las aventuras de viaje más emotivas que recuerdo fue en la India. De viaje con un grupo de chavales locales con los que hacíamos convivencia para conocer otras culturas. Hablando de la comida de España, les dijimos que uno de los platos típicos de la cocina española era la tortilla de patatas. Y claro, quería probarla. Éramos un grupo de unas cincuenta personas en total. Sin medios ni utensilios de ningún tipo. La luz de la cocina era una linterna en la cabeza. Y no había sartenes ni nada. Aun así, me lancé a hacer una tortilla española para 50 personas. Y no quedó mal. Hasta que empezaron a cantar “cumpleaños feliz….cumpleaños feliz…” Creo que el concepto de tortilla se asemejaba más al de un pastel para ellos.

Y aunque no sea una de esas aventuras de viaje, y muy perjudicial para la salud, me gusta siempre recordar en este tipo de anécdotas a un amigo con el que viajaba por Italia y decía que cada sitio bonito de Italia había que admirar fumándose un cigarrillo. Imaginaos cómo acabó.

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