Myanmar, imprescindible e impredecible

Myanmar, la antigua Birmania, es un destino que poco a poco se está abriendo al mundo. El turismo de masas no ha llegado todavía. Aprovecha. La magia de los 2000 templos de Bagan, las curiosas etnias del lago Inle o impresionantes pagodas como Shwedagon nos esperan.

Quizá lo primero que uno descubre en Myanmar en su gente. Acogedora. Sonriente. Y muy amable. Te ayudarán y te guiarán en una aventura única por este país mágico.

La puerta de entrada a Myanmar suele ser Yangón o Rangún, la capital. No es el destino más bonito del país, ni mucho menos. Pero en su centro acoge impresionantes atractivos como la Pagoda Shwedagon, el lugar más sagrado del Budismo Birmano. Imponente sobre una colina, sus picos dorados se divisan desde diversas partes de la ciudad. Visítala al atardecer, el mejor momento, ya que puedes disfrutar de su deslumbrante luz de día y su mágica iluminación de noche. Eso sí, vete preparado para asarte los pies, ya que es obligatorio entrar descalzo. Ni con calcetines.

Y aparte de la Pagoda Shwedagon, poco más ofrece Yangón. Pero ya que estamos aquí, aprovechamos la visita. El lago Kandawgyi, con sus barcazas reales, vale la pena ser visitado. El mercado de Bogyoke Aung San es toda una experiencia si no estás acostumbrado a los caóticos mercados asiáticos. Y la Pagoda Sule sigue la estela de la más conocida Shwedagon.

Y siguiendo de peregrinación, el segundo lugar más sagrado del Budismo en Myanmar es la Golden Rock, o Pagoda Kyaiktiyo. Al noreste de Yangón, pasando Bago, que no Bagan, esta gran roca dorada suspendida en precario equilibrio desafía a la ley de la gravedad. Pero si eres mujer, prohibido tocarla.

Al sureste de Myanmar, los montes, cuevas y templos de Hpa-An y Mawlamyine esconden rincones sorprendentes. En cuevas del interior de formaciones kársticas puedes encontrar templos. Y en sus cimas pagodas. Hay algunos Budas gigantescos y miles de ellos pequeños. Y entre las curiosidades de esta fascinante región, los cientos de murciélagos que inundan el cielo cada noche.

Casi en el centro de Myanmar se encuentra uno de los sitios más curiosos del país, el Lago Inle. Perderse unos días en esta región supone un salto al pasado. Las aldeas que rodean el lago son únicas. Auténticas. Los cultivos sobre el agua son muy curiosos. Hay pueblos sobre palafitos en mitad del lago. Y sus pescadores son famosos por la técnica de remar con un solo pie mientras pescan. De hecho, hay competiciones anuales. Pero además, los mercados a las orillas del lago, los templos y pagodas, las fábricas de textiles y cigarros completan un entorno auténticamente rural.

Y desde el Lago Inle es posible hacer una ruta de trekking hasta Kalaw. O a la inversa. Son tres días de caminata que nos permiten conocer las etnias que habitan Myanmar. Tienes que ir con guía para disfrutar de paisajes montañosos y enormes campos de chili, haciendo noche en poblados rústicos donde la gente te acogerá con una sonrisa enorme y una gran curiosidad. Tú eres la atracción.

Otro de los recorridos obligatorios para descubrir Myanmar está el viaje en tren entre Hsipaw y Mandalay. Son 11 horas de continuo ajetreo y dura incomodidad. Pero el paisaje hace que valga la pena. Después de pasar por verdes colinas, el vértigo llega al atravesar el Viaducto de Goteik. Se trata de un enorme puente de más de 100 años de antigüedad que atraviesa un espectacular desfiladero con 250 metros de caída. Respira.

Mandalay es uno de los destinos habituales en Myanmar. Pero, sinceramente, uno lo puede esquivar. Si deseas visitarlo, sube a lo alto de la colina para una panorámica de la ciudad y luego visita el Monasterio Golden Palace (Shwenandaw Kyaung) y la Pagoda Kuthodaw, o el libro más grande del mundo con las enseñanzas budistas descritas en su mármol.

Pero lo que todo viajero quiere ver en Myanmar es Bagan. Y no defrauda. El lugar más mágico del país. Sin duda. Sumérgete en las ruinas de más de 2000 templos que forman una silueta asombrosa al amanecer. No te lo pierdas. Súbete a uno de los templos y fascínate con la combinación de colores. Lo recordarás eternamente.

Y puedes acabar tu viaje por Myanmar en las playas de Ngapali, al oeste del país. Nada que envidiar de las playas de Tailandia o Indonesia. Aguas cristalinas, arena blanca y una tranquilidad asombrosa que te transporta al paraíso. Puede resultar costoso llegar hasta aquí, pero recompensa.

Este es sólo un pequeño recorrido de un viaje por Myanmar. Hay otros numerosos atractivos y secretos de este país todavía por descubrir. Si quieres más información sobre este destino o cualquier otro de Asia, puedes escribirnos por email a info@consejerosviajeros.com o dejar tus comentarios a continuación.

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